Me preguntaron como vivía: sobreviviendo dije, sobreviviendo
Para no olvidar...
"Así fue que en diciembre de 1931 se efectuaron grandes levantamientos populares en los Departamentos Occidentales de la República, organizados por los líderes principales Farabundo Martí y los estudiantes Mario Zapata y Alfonso Luna, que tenían su cuartel general en los suburbios de San Salvador, donde fueron capturados y fusilados inmediatamente, sin forma de juicio alguno y, habiéndoles cogido varias listas de adeptos en que figuraban los nombres de obreros residentes en la capital, todos fueron perseguidos y fusilados a medida que iban siendo atrapados, inclusive obreros inocentes que fueron denunciados por inquinas personas, pues bastaba el chisme de una vieja cualquiera para llevar a la muerte a muchos hombres honrados y cargados de familia. Todas las noches salían camiones cargados de víctimas de la Dirección General de Policía hacia las riberas del Río Acelhuate, donde fueron fusilados y enterrados en grandes zanjas abiertas de antemano. Ni los nombres de esos mártires tomaron los bárbaros ejecutores. El General Martinez movilizó fuerzas para enviarlas a combatir los levantamientos, dando órdenes sumamente drásticas, sin restricción alguna a los jefes que mandaron esas tropas. Las ametralladoras comenzaron a sembrar el pánico y la muerte en las regiones de Juayúa, Izalco, Nahuizalco, Colón, Santa Tecla, el Volcán de Santa Ana y todos los pueblos ribereños desde Jaquilisco hasta Acajutla. Hubo pueblos que quedaron arrasados completamente y los obreros de la capital fueron diezmados bárbaramente y un grupo de hombres ingenuos que se presentó voluntariamente a las autoridades ofreciendo sus servicios, fue llevado al interior del Cuartel de la Guardia Nacional, donde puestos en fila fueron ametrallados sin quedar uno. El pánico cundió. Varios comerciantes extranjeros pidieron auxilio a sus respectivas naciones y el gobierno británico mandó barcos de guerra al Puerto de Acajutla, de donde pidieron permiso al Presidente Martinez para desembarcar tropas en auxilio de sus conciudadanos, pero el tirano no concedió tal permiso, alegando que su autoridad era suficiente para dominar la situación, y en prueba de ello les transmitió un parte telegráfico fechado en la ciudad de Santa Ana, transmitido por el General don José Tomás Calderón, que decía: "Hasta el momento llevo más de 4 mil comunistas liquidados". La matanza era horrorosa, no se escaparon niños, ancianos ni mujeres. En Juayúa se ordenó que se presentaran al Cabildo Municipal todos los hombres honrados que no fueran comunistas, para darles un salvoconducto, y cuando la plaza pública estaba repleta de hombres, niños y mujeres, pusieron tapadas en las calles de salida de la plaza y ametrallaron a aquellas multitudes inocentes, no dejando vivos ni a los pobres perros que siguen fielmente a sus amos indígenas. El jefe que dirigió aquella terrible masacre, pocos días después, refería con lujo de detalles aquel hecho macabro en los parques y paseos de San Salvador, jactándose de ser el héroe de tal acción.
Las matanzas siguieron al por menor, efectuadas por las famosas "Cívicas" organizadas por el General Martinez en todos los pueblos, compuestos de hombres perversos que cometieron abusos incalificables contra la vida de las personas, las propiedades y la honra de niñas inocentes. Diariamente informaban al Mandatario el número de víctimas habidas en las 24 horas transcurridas y el despojo de bienes era tal que hasta las aves de corral quedaron agotadas. Las crónicas publicadas por distintas personas afirmaron que el número de muertos ascendió a más de 30 mil, pero en la realidad no bajaron de 24 mil asesinados. Jamás podrán olvidarse los aciagos meses de diciembre de 1931 y los de enero, febrero y marzo de 1932."
Diseñado por Daniel Mota
basada en las plantillas de Studio.st
Gestionado con Bitacorae.
Alojado en Bitacoras.com