Me preguntaron como vivía: sobreviviendo dije, sobreviviendo
Continuando con el post anterior, no puedo dejar pasar por alto algo similar, sucedido tambien en El Salvador:
(1944)
A Víctor Manuel Marín para poder fusilarlo le tuvieron que poner unos burros de madera (esos que se usan para poner la tabla de planchar) por los sobacos.
En la tortura le habían fracturado las piernas y los brazos y algunas costillas, fuera de que le habían destripado un ojo y machacado los testículos.
El mismo cura que no pudo confesar a Farabundo, se le acercó a Víctor Manuel y le dijo: "Hijo mío, vengo a reconfortarte el espíritu".
Y aquél le contestó entre sus dientes rotos y sus labios reventados: "Es el cuerpo el que me flaquea, no el espíritu".
Después lo fusilaron.
(1973)
Cada vez que leo en las páginas sociales del Diario de Hoy o de la Prensa Gráfica esas lujosas esquelas mortuorias de a doscientos colones o más avisándonos que se murió un burqués reconfortado con los santos auxilios de nuestra religión católica, pienso en todo lo que nos dicen esos dos muertos que rechazaron esos confortos y auxiliaciones.
Roque Dalton, salvadoreño, nació en 1935. En mayo de 1975, en una acción todavía muy poco clara, Roque Dalton fue asesinado en El Salvador donde se encontraba combatiendo en las filas del Ejército Revolucionario del Pueblo.
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